Oveja o lobo

20141031ovejaIglesia Viva 31.10.14//Por: Germán Manzuelo - Leytón//En el Evangelio de Marcos nos encontramos con que un hombre presenta a Jesús a su hijo: (cf. Mc 9, 14-29). Los discípulos no han podido sacar de él al demonio, y le dice a Jesús:

«Maestro te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo, que en cualquier momento se apodera de él y lo tira al suelo, y el niño echa espuma por la boca, rechina los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus discípulos que echaran este espíritu, pero ellos no han podido hacerlo».

Jesús manda que le presenten al niño y ante todos los circunstantes afirma la causa del fracaso de los Apóstoles. Todo depende de poseer una fe robusta que no duda ante las dificultades. Afirma Jesús: «Todo es posible para el que cree». Va a dar una lección brillante de cuanto sirve la fe, el padre del niño confiesa que no tiene mucha, pero le solicita que aumente y fortalezca esa vacilante fe.

Jesús ordena a Satanás que salga del niño, se oyó un ruido espantoso y el niño cae al suelo como muerto, así lo creyeron los presentes, pero Jesús tomándolo de la mano lo levantó y el muchacho se puso de pie.

Los discípulos asombrados de su fracaso piden una explicación al Maestro, y Cristo les responde: «Esta clase de demonios no puede ser expulsada sino con la oración y ayuno».

Todo se explica. La oración es un modo de acercamiento a Dios, de confiar en Él, de esperar de Él hasta lo imposible, de pedirle sabiendo que puede y quiere conceder dicha gracia. Con estas condiciones, Dios no puede negar ninguna gracia, los discípulos lo comprenden, sabían que Jesús les había dado la potestad de expulsar todo demonio, pero ellos la empleaban como si se tratara de una medicina externa, cuando todo el valor residía en una disposición interior.

Jesús estalla en una dura frase contra los Apóstoles porque sabe que todo es posible a quien tiene fe. Entonces el padre del niño formula esta conmovedora oración: «Señor tengo fe, pero quiero que la fortalezcas».

Esta fe que renuncia al orgullo, que no está segura de sí misma, que se sabe débil, que pide ayuda al mismo tiempo que es proclamada, hará lo que no pudieron los esfuerzos anteriores, es que la gran tentación de Satanás, es incitarnos a combatirle con sus propias armas y no con las de Cristo. La gran tentación de la oveja frente al ataque el lobo, es querer convertirse en lobo para defenderse.

San Juan Crisóstomo lo entendió perfectamente y nos avisa:
«Mientras sigamos siendo ovejas venceremos, aunque estemos rodeados de mil lobos venceremos, pero en cuanto nos consideremos lobos ya nos derrotan, pues entonces perderemos el apoyo del Pastor Cristo que no alimenta a los lobos sino solo a las ovejas».

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