El pecado es incomunicación que no permite vivir

monsjesusperez2Iglesia Viva 7.9.15. Lo ha asegurado Mons. Jesús Pérez, arzobispo emérito de Sucre, en su mensaje dominical en sintonía con las lecturas de este domingo. “La comunicación se ve alterada por el pecado. Todo pecado es una ruptura de la comunicación. La ruptura con Dios lleva a la incomunicación auténtica con el prójimo. Otras veces el camino es a la inversa. Los judíos pensaban en aquel tiempo que aquella enfermedad del sordomudo era fruto de sus pecados y de estar sometido a Satanás”, dijo Mons. Pérez.

¿PORQUÉ DIOS PERMITE TANTO MAL EN EL MUNDO?

Una pregunta eterna que se han hecho creyentes y no creyentes a través de la historia humana. Una pregunta sin respuesta humana. El mal está y estará siempre acompañando al hombre en su vivir diario. Solamente desde la fe podemos atisbar algo del problema del mal en la persona como en el cosmos. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, las palabras de Dios son reiterativas en decirnos que no conocemos los planes de Dios y en la invitación a aceptar su voluntad. La Escritura claramente dice que los planes de Dios no coinciden con el de los hombres, aunque sean muy buenos Esto no nos agrada y quisiéramos una respuesta que nos satisfaga.
Cristo aparece en el evangelio de hoy curando a un sordo mudo. Los milagros de Jesús y los que hoy siguen produciéndose, no son solamente una manera de favorecer una situación concreta, sanar o remediar tal cual mal, sino que son señales para hacernos ver el poder de Dios, cuál es su plan de salvación. Jesús con sus milagros dio la posibilidad a los judíos de descubrir que había llegado a su pueblo el Enviado del Padre.
Jesús con este milagro de sanación del sordo mudo se acercó a él y le mostró su amor y compasión. Ei sordomudo es el símbolo de la persona incomunicada, de aquel que no puede relacionarse con su prójimo, que no puede recibir de otros a causa de su sordera y no puede dar de sí por la mudez. Está condenado a una profunda soledad. Romper la comunicación es un milagro, una manifestación del poder de Dios, es obra de la benevolencia de Dios, de su gracia. La comunicación debiera producirnos un asombro. Es un regalo de Dios.
La comunicación sigue siendo un milagro en nuestra era tecnológica, un verdadero portento. Detrás de una llamada telefónica o en un programa de televisión, hay tanta técnica y esfuerzos humanos. Cuando el teléfono no funciona, protestamos y no sabemos tantas veces que ha pasado. Cuando el funcionamiento es normal no llegamos a sorprendernos de esa maravilla de poder comunicarnos.
La persona necesita comunicarse para poder vivir. Comunicarse es vivir. Si alguien no quiere comunicarse con los otros, sería como quien se encuentra inapetente. No es normal. Por ello, no querer comunicarse es como renunciar a la vocación de ser persona. Es parte de nuestra vida el comunicar a los demás nuestras experiencias tanto agradables como desagradables. La comunicación para ser verdadera debe estar guiada por el amor. Un amor callado es como si no existiera, como una semilla que no ha germinado.
La comunicación se ve alterada por el pecado. Todo pecado es una ruptura de la comunicación. La ruptura con Dios lleva a la incomunicación auténtica con el prójimo. Otras veces el camino es a la inversa. Los judíos pensaban en aquel tiempo que aquella enfermedad del sordomudo era fruto de sus pecados y de estar sometido a Satanás.
Si el pecado es incomunicación, la salvación es restauración de la comunicación rota. Jesús vino para salvarnos, redimirnos del pecado y para realizar esta hazaña se comunicó con María. Ella se abrió a la voluntad de Dios con un SI. La historia de la salvación de la restauración de la comunicación entre Dios y el hombre. Dios no puede hacer nada para salvarnos sin nuestro concurso, como lo expresa san Agustín. "El que te creo sin ti, no puede salvarte sin ti".
Dios sigue queriendo el bienestar y la salud para todos, a pesar de nuestros errores o pecados. Dios quiere que los sordos oigan, los mudos hablen, los ciegos vean, los cojos puedan andar. Sigue siendo verdad lo que decía el profeta Isaías: "no teman, miren a su Dios, que viene en persona y los salvará".
Durante estas fiestas de la Virgen de Guadalupe nos estamos acercando a María, en la seguridad de que "por María vamos a Cristo". María tiene la gran misión de conducirnos a Cristo, de comunicarnos con Dios y con los hermanos. Nuestra devoción a la Mamita Gualala se manifiesta en seguir y amar a Cristo y en el vivir diario caminando juntos como hermanos y hermanas.

Sucre, 6 de septiembre de 2015

Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
Arzobispo emérito de Sucre

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