Confiados a la hermosa tarea de restauración del ser humano

imagen-terracotaIglesia Viva 3.8.15. Con la metáfora de la bella imagen de la Virgen de Concepción en terracota, Mons. Antonio Reimann, Obispo del Vicariato Ñuflo de Chávez, invita a todos a sabernos frágiles y a responder a la necesidad que tenemos de cuidarnos unos a otros para alcanzar el sueño que Dios ha preparado para cada uno.
“Él ha puesto a nuestro lado, nuestras familias, comunidades religiosas, grupos, sindicatos, compañeros de trabajo, ahí donde acontece el encuentro entre las personas. Estoy convencido que si lo hacemos, no habrá tantos niños sin infancia, ni tantos jóvenes sin esperanza, ni tantos ancianos sin dignidad”, asegura Mons. Reimann parafraseando al (papa Francisco).

Esta imagen de terracota se llevó a Santa Cruz desde nuestra catedral de Concepción, fue modelada por las manos del P. Martín Schmidt, jesuita, misionero, arquitecto, músico… En el rostro de María están plasmados los rasgos de la mujer Chiquitana.
En el viaje de regreso a Concepción la llevé con un cuidado extremo. El camino entre San Javier y Concepción está muy deteriorado y temía que se pudiese romper. En este viaje descubrí algo que antes no había visto con tanta claridad. El cuidado de una imagen hecha por las manos del hombre; el cuidado de una imagen delante de la cual se postró el sucesor del Apóstol Pedro, el papa Francisco; me trajo a la mente otra imagen, la del hombre – varón y mujer – hecho a la imagen y semejanza de Dios (cfr. Gen 1,27). Frágil en su naturaleza humana, como frágil es el barro.
Un día esta imagen, por el descuido del hombre mismo, se lastimó, quedó rota. Pero Dios, el hacedor de esta imagen, nunca la dejó abandonada: envió profetas, cuya vocación fue la de restaurar esta imagen; y en los últimos tiempos nos entregó a su único Hijo, Jesucristo. Nacido de una mujer (Gal 4,4), con los rasgos de su raza, con la debilidad propia de la arcilla y con la fortaleza que la voluntad del Padre comunica a los que creen en su Palabra.
Por el sí de María, Jesús se hizo carne. Él tomó nuestra naturaleza humana para restaurarla, su muerte y resurrección es la respuesta del Hijo en obediencia al Padre y el cumplimiento de la promesa de Dios (Gen 3,15), siempre fiel. Y en Jesús, por la fuerza del Espíritu Santo que nos ha sido dado, también en nuestra naturaleza débil resplandece la fuerza de Dios: somos el barro que guarda la Luz (2 Cor.4, 7); somos pequeñez que como María proclama su grandeza (Lc. 2,46-55); somos peregrinos, muchas veces cansados (Lc.24, 17) a quienes Jesús, -hecho alimento en la Eucaristía- purifica y fortalece con su Cuerpo y su Sangre.
Y es así como se perpetúa en el tiempo de la Historia este amor entrañable del Padre por sus hijos. Como la virgencita de terracota, cada uno con nuestros rasgos propios, con nuestra frágil naturaleza, con nuestro transitar por caminos difíciles, estamos llamados a ser la imagen de Jesús, semejantes a él (Rom 8,29).
Esta verdad creo que, el apóstol Pablo, la tuvo muy presente al escribir a los cristianos de Corinto: “¿No saben Ustedes que su cuerpo es el santuario del Espíritu Santo, que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes?” (1 Cor 6,19).
Estimadas Hermanas y Hermanos
En la mitad del año, cuando aparece el cansancio, cuando experimentamos el desgaste y nuestras fuerzas parecen rendirse, cuando las relaciones humanas se hacen conflictivas, pidamos al Señor el don del cuidado de esta preciosa imagen de Dios que somos cada uno de nosotros, y las personas que Él ha puesto a nuestro lado, nuestras familias, comunidades religiosas, grupos, sindicatos, compañeros de trabajo, ahí donde acontece el encuentro entre las personas. Estoy convencido que si lo hacemos, no habrá tantos niños sin infancia, ni tantos jóvenes sin esperanza, ni tantos ancianos sin dignidad (papa Francisco).
Por intercesión de la Virgen María, Asunta al cielo, y presente siempre en nuestra historia, Él Señor les bendiga en esta misión de la restauración de cada ser humano.
Fraternalmente,

Mons. Antonio Reimann
Obispo del Vicariato Ñuflo de Chávez

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